San Fernando fue un gran rey que dejó una profunda huella en la historia de Sevilla, Andalucía, España y el mundo entero. Es conocido por todos por su gran capacidad de gestión no sólo en el ámbito militar, que nunca conoció derrota bajo la cruzada cristiana de la reconquista frente a los ejércitos musulmanes, sino también por su gran capacidad de gestión y gobierno para reunificar de forma coherente los reinos de Castilla y León, así como la reconquista de grandes Ciudades Españolas.

De otro lado, se podría decir, que la parte más omitida de la historia del gran Rey San Fernando, o al menos la que menos se conoce de él, fueron sus tres grandes pilares y virtudes sobre los que día a día basaba su Fe y marcaba la idiosincrasia de su grandeza en la vida, como fueron  “el compromiso», «el sacrificio» y «la lealtad”.

El compromiso de San Fernando era con Dios y con su pueblo, amparado bajo el manto universal de la grandeza del Santísimo, en el que como padre todopoderoso de la tierra y el universo. A Él se encomendaba y rezaba diariamente para iluminar su camino ante la oscuridad y el tormento de los tiempos, y dirigir a su pueblo cristiano hacia una victoria en el campo de batalla bajo el amor divino de Dios y consiguiendo con ello un ennoblecimiento de una vida cristiana plena como hermanos en Cristo que eran, y el reconocimiento loable a sus contrarios.

El sacrificio de San Fernando lo demostró en multitud de ocasiones, y dejó claro que su única guía era su juramento con Dios y su Fe cristiana, y como ejemplo de ello, cabe resaltar ciertos hechos que ocurrieron dentro de su vida, como fueron el fallecimiento de su esposa y de su madre. A pesar del dolor desgarrador que ello supondría para él, (perder a dos grandes pilares familiares de la vida de cualquier Cristiano) él supo estar en todo momento a la altura de la encomienda que Dios había puesto en su vida, que era ser faro y luz constante para su pueblo. Ello no supuso en ningún momento desvanecimiento o abandono de su cometido divino, no desertando de sus campamentos donde se encontraba con el resto de su pueblo al frente de la reconquista musulmana.

La lealtad de San Fernando siempre fue hacia Dios y a su bendita Madre, y ello quedó claramente reflejado en cada una de sus contiendas en las que siempre iba acompañado en su campamento de la imagen bendita de la Virgen (y ante la cual hoy podemos venerar a sus pies, la tumba del Rey San Fernando en la Catedral de Sevilla bajo la advocación de la Virgen de los Reyes en la capilla Real). Ante ella rezaba previamente a cada contienda solicitando, misericordia, justicia, valor y esperanza para conseguir la libertad para el pueblo cristiano frente a la opresión musulmana.

Estos tres pilares fundamentales, fueron los principios y valores en los que San Fernando vivió y legó a toda la historia universal, y que por supuesto fueron recibidos por su hijo Alfonso que siguió su ejemplo y su cruzada, como guía en su vida cristina, hasta terminar de conquistar en nombre de su padre importantes plazas de España, tanto fue así, que bajo los grandiosos recuerdos de su grandeza, incluso ya fallecido San Fernando, importantes oficiales del ejército musulmán le rindieron pleitesía y lealtad y se convirtieron al cristianismo, gracias al gran modelo de vida que transmitió, en el que siempre enarboló una única bandera que fue el compromiso, sacrificio y lealtad a Dios y a su bendita Madre la Virgen.

 

Por Manuel Alejandro Bermúdez Valseca