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El hermano mayor de la Real, Noble y Piadosa Hermandad de Caballeros y Damas de San Fernando de Sevilla, Excmo. Sr. D. Fernando de Artacho y Pérez-Blazquez, ha ejercido como padrino de honor en la ceremonia de conmemoración de la concesión de titularidad de San Fernando a favor de la Asociación de Fieles de la Inmaculada Concepción, Patrona de Morón de la Frontera. La ceremonia tuvo lugar en la Parroquia de San Miguel, el 22 de septiembre de 2020l , justo al cumplirse un año de la concesión de la ampliación de titularidad de la asociación. Esta fecha de septiembre, que coincide con el día de la reconquista de Morón por parte del Santo Rey, fue la elegida para la ceremonia en la que el hermano mayor de la Hermandad de San Fernando, D. Fernando de Artacho, impuso a la Virgen Inmaculada de Mórón el lazo con la cruz de cruces de plata dorada de la Hermandad de San Fernando.

Según publicaba hace un año la propia asociación moronense: «Meses atrás nuestra Asociación solicitó la inclusión de nuestro nuevo Titular por muchos motivos, los cuales principalmente son: que San Fernando Rey, para Gloria de nuestra Santa Madre Iglesia y de nuestra noble Villa, reconquistó para la Cristiandad nuestro pueblo el 22 de julio de 1240». La solicitud fue aprobada por el Arzobispado de Sevilla, a través parte del Delegado de Hermandades y Cofradías de Sevilla, D. Marcelino Manzano Vilches: «Tras recibir la petición de la Asociación de Fieles de la Inmaculada Concepción, Patrona de Morón, con su visto bueno, para que se le añada al Santo Rey Fernando como titular de la mencionada asociación, valorando los motivos presentados, y los frutos espirituales que se esperan obtener, me complace comunicarle que acepto la solicitud». Tras la concesión, la entidad amplía su nomenclatura y pasa a denominarse “Asociación de Fieles de la Inmaculada Concepción, Patrona de Morón de la Frontera, y San Fernando Rey”.

Según la asociación, la devoción o la tradición de festejar a la Inmaculada en Morón se remonta, según crónicas recogidas por su Ayuntamiento, al tiempo de la Reconquista (1240-1492) y su patronazgo oficial en Morón de la Frontera supera los quinientos años, atendiendo a la crónica: “Relatos de costumbres del Siglo XV”, del insigne cronista Antonio Bohórques Villalón (Morón 1636) que cita un documento medieval (1483), donde por vez primera se consigna el patronazgo de esta advocación, entonces con el nombre de Concepción o, la Pura y Limpia. Dice así el extracto que nos interesa: «…Y llevando por divisa y para su gobierno el estandarte carmesí que conservan desde aquéllas épocas –las de las refriegas con los moros fronterizos del Reino Nazarí de Granada– pendón que se manifiesta al público –dice Bohórques– desde el balcón del Ayuntamiento por su alguacil maior en las fiestas que se hacen anualmente en esta Villa en honor de Ntra. Sra. de la Concepción, su Patrona titular«.

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Lazo con la cruz de cruces de plata dorada impuesta a la Virgen Inmaculada moronense.

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El teniente de hermano mayor de la Hermandad de San Fernando, en un momento de la ceremonia.

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D. Fernando de Artacho y Pérez-Blazquez posa junto a la estandarte de San Fernando en la Capilla de la Virgen Inmaculada.

 

Las miembros de la Real Noble y Piadosa Hermandad de Caballeros de San Fernando celebraron la festividad de San Fernando del 30 de mayo, que por razón de la pandemia de coronavirus tuvo unas características más restringidas. Finalmente sí se celebró una misa el domingo día 31 de mayo de 2020 en honor al Santo Rey en la iglesia de Santa María la Blanca. El culto se celebró con estrictas medidas de seguridad, portando mascarillas y manteniendo el distanciamiento social en un aforo reducido, según marcan las autoridades sanitarias. La santa misa fue presidida por el hermano mayor de la corporación, D. Fernando de Artacho y Pérez-Blázquez y oficiada por su capellán, D. Manuel Luque, el cual ensalzó en su homilía la figura de Fernando III al que definió como «un hombre bueno» además de «campeón de cristo». Acabada la misa, los miembros del Alto Consejo así como las damas y caballeros presentes, mantuvieron un encuentro de confraternidad.

 

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El capellán, D. Manuel Luque, durante la ceremonia.

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Los hermanos celebraron la misa baso estrictas
medidas de seguridad.

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El estandarte de la corporación presidió la santa misa.

El brazo militar de la Hermandad de Caballeros de San Fernando se ha visto ampliado con el cruzamiento de cinco oficiales del Ejército de Tierra, que formaban parte de un distinguido grupo de catorce nuevos miembros. Dichos caballeros y damas fueron recibidos en el solemne acto tuvo lugar en la iglesia de San Nicolás de Bari, en la calle Santa María la Blanca, el 30 de noviembre de 2019 . Como viene siendo habitual, el acto estuvo presidido por su Hermano Mayor-Presidente, el Excmo. Sr. D. Fernando de Artacho y Pérez Blázquez, quién entre sus mucha calidades suma la de ser capitán del Ejército de Tierra (RV). Como corporación, la hermandad ha gozado siempre de tres brazos: el nobiliario, el eclesiástico y el militar. Con la incorporación de los nuevos hermanos oficiales, se refuerza este último.

La Real Noble y Piadosa de Caballeros y Damas de San Fernando es una muy antigua corporación nobiliaria de Sevilla que honra la figura del Santo Rey, reconquistador de la ciudad. Además de rememorar su cristiana figura, la hermandad organiza cultos a lo largo del año, amén de promover actos culturales y sociales.

Como es costumbre, tras el solemne acto de cruzamiento, los miembros del Alto Consejo y resto de caballeros y damas de la hermandad celebraron una cena de gala cuyos beneficios fueron destinados a obras de caridad.

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Queridos hermanos en Cristo Nuestro Señor:

Como cada año de cruzamiento -y el último fue en 2015-, os enviamos una carta en la que exponemos las actividades de nuestra Real Hermandad. En este periodo de tiempo hemos celebrado los cultos de Regla al Santo Rey, misas de difuntos y los de la Virgen de los Reyes. También asistimos a ceremonias de otras hermandades y corporaciones que nos invitaron, pero sólo a las reconocidas por Roma o por el ceremonial la Casa Real.

Nuestra hermandad debe tener mucho cuidado para no ser confundida con el gran número de nuevas corporaciones de carácter caballeresco que, aun estando aprobadas canónica o civilmente, florecen últimamente; estas hacen uso en sus ceremoniales de hábitos, mantos y de prácticas propias de las antiguas órdenes de caballería, que están muy alejadas de nuestra sobria tradición. Nosotros, por antigüedad y ceremonial, somos algo muy diferente a esta moda, incluso incompatibles con ella. La nuestra es una Real Hermandad de Caballeros que recibe su nombre y legitimidad histórica indiscutible de la antigua Real Congregación de Caballeros y Militares de San Fernando, con fuerte presencia en nuestra ciudad a partir de los años veinte del siglo pasado, aunque tengamos datos de mucha mayor antigüedad. Este no es el lugar adecuado para hacer Historia, pero es conveniente saber quiénes somos y estar orgullosos de ello y de los centenares de nuestros hermanos, militares y civiles que, a lo largo de la Historia, han luchado por Dios y por España en diferentes guerras; nuestros caballeros Laureados de San Fernando y Medallas Militares, tantos individuales como colectivas, entre otros muchos prestigiosos reconocimientos, dan buen testimonio de ello.

Como sabéis, sólo nos mantenemos gracias a las donaciones y a los derechos de ingresos de los nuevos miembros, pues seguimos sin imponer cuota anual alguna. Y es meritorio que, en la medida de nuestras posibilidades, hemos dado limosnas, así como restaurado y acrecentado nuestro patrimonio.

Dada las características de exclusividad y distinción de nuestra corporación, la admisión de nuevos miembros es muy limitada; ello conlleva que también lo sean nuestros ingresos. A pesar de ello, este año, además de algunos donativos, es intención de nuestra Real Hermandad el contribuir a la restauración de las campanas de una antigua y bella iglesia de Sevilla, perteneciente a una congregación religiosa, cuyo coste es de 1.500 euros; por lo que os pido que seáis especialmente generosos con vuestra limosna.

La Real Hermandad ha realizado la restauración y dorado del relicario que posee del Santo Rey, que será expuesto el día de la jura de nuevos miembros. También hemos adquirido otra importante talla de San Fernando -lo que incrementa nuestra iconografía fernandina-, igualmente se ha adquirido un Cristo crucificado, de transición del gótico al barroco, con excelentes potencias antiguas de plata, dos faroles de mano y, por último, una bella bandeja de plata que lleva grabada de forma primorosa el escudo de nuestra Real Corporación.

Una dama ha donado un valioso cáliz de plata, ricamente repujado, que perteneció a su hermano, nuestro antiguo y querido capellán, el Muy Iltre. Sr. Don Manuel Pavón y Martín de Rojas, canónigo de la S.I.C. de Sevilla, q.g.h., el de su primera misa. Otro hermano nos dona un importante banderín bordado en realce con oro fino, lleva nuestra Cruz de Cruces acompañada de las armas de Castilla y León en las cuatro esquinas; es una obra de gran mérito y valor. Gracias a donaciones como estas, la mayoría de las veces anónimas, podemos incrementar nuestro patrimonio.

A pesar de ello, con cierta pena debo decir que es muy limitado el número de damas y caballeros que hacen donaciones, casi siempre los mismos; pero el mantenimiento de la Real Hermandad es obligación de todos sus miembros, por lo que vuelvo a rogar la colaboración de cada uno de los que tenemos el alto honor de pertenecer a esta Real Hermandad.
Todas estas medidas son indispensables para la misión que nuestra Reglas nos encomienda: la del culto a mayor Gloria de Nuestro Señor Jesucristo, a su Santísima Madre y de su siervo San Fernando, la de Caridad y la cultural.

Aquí tenéis el número de nuestra cuenta, con la seguridad de que vuestro donativo, dentro de las posibilidades de cada uno, se corresponderá con vuestra generosidad y el señorío que corresponde a la pertenencia a esta Real, antigua y noble hermandad.

Además, en la misma podéis ingresar el importe de la cena de gala, 45 euros por persona, indicando el número de invitados que corresponden a ese importe.
La cuenta de la Hermandadse encuentra en el Banco Popular, a nombre de la Real, Noble y Piadosa Hermandad de Caballeros de San Fernando de Sevilla; su número es:
(para donativos escribir a f.artacho [arroba] hotmail.com )

Os agradecemos de antemano vuestra generosidad.

Recibid un fraternal abrazo en San Fernando.

Fernando de Artacho y Pérez-Blázquez.
Hermano Mayor

 

Fernando de Artacho y Pérez-Blázquez es el Hermano Mayor y Presidente de la Real, Noble y Piadosa Hermandad de Caballeros de San Fernando de Sevilla. Nos ofrece la siguiente entrevista para conocer mejor esta pía corporación:

-¿Qué representa la Real Noble y Piadosa Hermandad de Caballeros y Damas de San Fernando de Sevilla?
Primero representa la continuidad en el tiempo de una veneración acendrada a Nuestro Señor Jesucristo, a su Santísima Madre la Inmaculada Virgen María, en la advocación de Nuestra Señora de los Reyes, y una devoción al Santo Rey don Fernando que ganó nuestra ciudad.
En segundo lugar, el ser un testimonio de quienes deseamos hacer nuestros, los principios que rigieron la vida del Santo Rey, la defensa de nuestra Fe, de la unidad de la Patria, en la que tan importante papel jugó Fernando III, y la difusión de la cultura y el conocimiento.

-¿Cuál es su origen histórico?
Sin descartar una mayor antigüedad -por la falta de su archivo, que fue incautado y destruido durante la segunda República, al ser abolida la Compañía de Jesús e incautados sus bienes- tenemos constancia documental irrefutable de su existencia en la segunda mitad del siglo XIX, ya entonces bajo la dirección de los jesuitas, en cuya sede se dirigía espiritualmente a un grupo de fieles que se calificaban como “caballeros y militares” y también como “caballeros y Comunión Reparadora Militar”. Con el paso del tiempo, la Compañía oficializa esa dirección espiritual formando con ellos la Congregación de la Inmaculada y San Fernando, unida a la Prima Primaria de Roma. La primera referencia que aparece en los archivos jesuitas con ese título data de 1924. Al año siguiente, en una solemne ceremonia a la que asisten más de ochenta congregantes, se estipula que la congregación tendría dos secciones, la civil de caballeros y la militar.

Desde entonces fueron conocidos en Sevilla con el nombre de “Caballeros de San Fernando”, como recogen los principales medios de la ciudad ya en los años veinte del pasado siglo. Sus dos primeros hermanos mayores o prefectos fueron dos alcaldes de Sevilla, el Excmo. Sr. Don Carlos de la Lastra y Romero de Tejada, marqués de Torrenueva, diputado a Cortes y Senador del Reino; y el Excmo. Sr. Pedro Armero y Manjón, conde de Bustillo, comendador de la Orden Pontificia de San Gregorio Magno, ambos también caballeros maestrantes de Sevilla.

A finales de los años cuarenta del pasado siglo, hubo una transformación en la que nuestra corporación se convirtió en la Real Hermandad de Caballeros de San Fernando; el título de Real le venía legítimamente por la Congregación, en cuya medalla figuraba la corona real, por haber pertenecido a la misma S.M. Don Alfonso XIII y tres Infantes de España.

-¿Qué significa ser un caballero, una dama de San Fernando?
Significa cumplir con la obligación de preservar y mantener los principios que defendió el Santo Rey; tarea, hoy día, muy difícil por la corriente laicista y anticlerical que nos invade, donde el relativismo moral justifica todo y se ataca a los sentimientos más profundos de los católicos desde las mismas instituciones políticas. San Fernando, siendo rey, se hizo armar caballero, pues sabía que aquella ceremonia le obligaba aún más a defender la Fe y a los más desprotegidos.

-¿Cuáles son los brazos de la Hermandad de San Fernando?
En un principio sólo hubo dos secciones como ya hemos visto, la de caballeros y la de militares. Tenemos que tener presente que la mayoría de sus miembros salían de los colegios de la Compañía de Jesús, donde estudiaban las élites sevillanas. Las congregaciones marianas jesuitas abarcaban a todos los ámbitos de la sociedad; se fundaron congregaciones para estudiantes, para universitarios, para seminaristas, para obreros, para madres y también para caballeros y militares. Los Luises, los Estanislaos, los Javieres y la de San Fernando, son algunas de ellas.

Hoy en día, los brazos han aumentado por el cambio que ha sufrido la sociedad. Tiene seis secciones o brazos: el noble, el militar, estos dos continuadores de las secciones de caballeros y militares primitivas; el eclesiástico para sacerdotes, creado a finales de 1947 por el Excmo. y Rvdmo. Sr. Don José Sebastían y Bandará, Capellán Real y presidente del la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, cuya medalla preside la vitrina de condecoraciones del tesoro de la Virgen de los Reyes; el académico, para personas que han aportado a la sociedad su sabio conocimiento; el civil, para quienes han destacado en el servicio público a los demás, y el religioso, para los que destacan en el servicio a la Iglesia siendo laicos.

-¿Qué obras de caridad realiza la Hermandad?
La hermandad posee recursos limitados, pues nunca ha tenido cuota anual, se mantiene con las limosnas de ingreso y otras de anónimos caballeros, y hoy día no estamos en el mejor momento para fijar una anualidad.

Pero, a pesar de ello, ha contribuido con limosnas a conventos, hermandades, en campañas por desastres meteorológicos, ha costeado aun altar de mármol para el Sagrario de una nueva parroquia y entregado donativos a la Iglesia en las diversas sedes que nos han recibido.

-¿Por qué la devoción al Rey Santo?
Porque fue un modelo de caballero, el atleta de Cristo, como le llamó el Santo Padre; por su valor, entrega, sacrificio, heroísmo y su inmensa Fe y humildad. Es un ejemplo a seguir, pero también muy difícil de llegar a esa entrega total a Dios que iluminó toda su vida.

-¿Cree que la figura de Fernando III el Santo es suficientemente conocida?
En Sevilla se conoce más, por ser su patrón y por su festividad, que hasta hace muy poco era fiesta local; pero realmente ignoran quién fue, lo que hizo y lo que representa.

-¿Dónde le gustaría que estuviera la Hermandad en, digamos 10 años?
Me gustaría que canónicamente volviese a la sede que le concedió el arzobispado de Sevilla en sus Reglas de 1949, la Capilla Real, y que desde los años setenta se perdió. Como institución mantener una presencia permanente en la ciudad, pero siempre con la característica discreción que hemos mantenido desde nuestra fundación; de hecho, es una gran desconocida para los sevillanos. Tenemos en proyecto la publicación de un libro con su historia que, de hecho, ya está muy avanzado. Más de uno se asombrará de esta historia tan desconocida, que irá probada y documentada para que no exista duda alguna de su veracidad.

-¿Qué supone para D. Fernando de Artacho estar a la cabeza de una Hermandad con tanto abolengo y tradición?
Una gran responsabilidad que se traduce en mantener a la Real Hermandad dentro de los principios que la crearon, ser conscientes de lo que fuimos y de lo que somos, teniendo presente los profundos cambios sociales, pero sin caer en las transformaciones acomodaticias de las ideologías imperantes que cada vez se apartan más de la Iglesia.

También supone una importante obligación el conservar unida la corporación y el preparar a sus miembros para que sean futuros relevos en el gobierno de ésta, sabiendo realmente lo que representa la hermandad, para que no la conviertan en algo diferente de lo que es.

-¿Considera que la sociedad sevillana está perdiendo la raigambre de sus convicciones católicas?
Creo que sí, y es muy evidente a pesar de la existencia de tantas hermandades, con sus solemnes cultos, y de nuestra maravillosa Semana Santa. Estamos más preocupados por lo accesorio y lo estético, que por lo fundamental, que dejamos en el olvido. Basta explicar con un ejemplo esta situación para entenderla mejor. Hace unos años, el sábado de Pasión se convocó una manifestación en Sevilla en defensa de la vida, contra el aborto, y allí no acudieron más de doscientas personas, a pesar de haberse hecho llegar la convocatoria a las hermandades. Sin embargo, una semana después, cientos de miles de sevillanos ocupaban las calles de Sevilla para ver las cofradías en la calle, en las que procesionaban decenas de miles de hermanos. Pero, evidentemente, no es lo mismo vestir la túnica del Nazareno, que significa cumplir con sus mandamientos, que disfrazarse con ella para desfilar un día al año por las calles de Sevilla.

Fernando III heredó el gobierno de León de manos de su padre, Alfonso IX (1230), y consiguió el mandato sobre Castilla por cesión de su madre, doña Berenguela (1217), gracias a la muerte de su tío Enrique I. Residente en León tras la anulación del matrimonio de sus padres, a la muerte de Enrique I de Castilla su madre Berenguela le hace llamar a Castilla y le entrega el mando sobre el reino. Durante los primeros años de su gobierno hubo de combatir la revuelta nobiliaria encabezada por la casa de los Lara y la invasión leonesa encabezada por su padre Alfonso IX, rechazada frente a Burgos.
La herencia recibida supone la unión definitiva de ambos reinos, aunque durante los primeros años será un foco de problemas. La cuestión está en la cuestionada legitimidad de Fernando para recibir la herencia de sus padres, pues su madre, Berenguela, es la heredera directa del trono castellano, mientras que, por otra parte, su padre Alfonso IX lega su reino a sus hijas Sancha y Dulce, hijas de su primer matrimonio con Teresa Sánchez de Portugal. La diplomacia desempeñada por su madre, el carácter conciliador de Fernando y el clima de optimismo generado por la victoria sobre los musulmanes en las Navas de Tolosa (1212) suavizan las iniciales reservas que la entronización de Fernando III había suscitado entre los castellanos. Por parte leonesa, Fernando y su madre Berenguela logran en 1230 la renuncia de las herederas al trono a cambio del pago anual de 30.000 maravedíes.

Resueltas las divisiones internas castellanas, el 30 de noviembre de 1219 contrajo matrimonio en Burgos con Beatriz de Suabia, nieta del emperador alemán Federico I Barbarroja, uniendo de este modo la casa de Castilla con los principales representantes del partido gibelino. Tres días más tarde es ordenado caballero en el monasterio de las Huelgas. El camino está expedito para relanzar las labores de conquista de los territorios musulmanes, aprovechando el clima de euforia desatado por la victoria de las Navas y la debilidad del poder árabe peninsular. En 1224, la Curia de Carrión decide adjudicar todos los recursos necesarios para la lucha contra los musulmanes, iniciándose un período de numerosas e importantes conquistas militares. Así, en 1236 se toma Córdoba, una conquista que va más allá de lo puramente militar por el carácter simbólico de la antigua capital del califato.

La situación de prosperidad económica que vive el reino posibilita el lanzamiento de constantes campañas militares, con lo que las conquistas se suceden. Caen sucesivamente Chillón, Almodóvar, Lucena, Aguilar, Écija, Osuna y Estepa. En 1243 es tomada Murcia; en 1245 conquista Jaén. Tras un asedio de dos años, el 23 de noviembre de 1248 es tomada la ciudad de Sevilla, lo que supone el punto álgido del poderío militar y económico del monarca castellano-leonés. La conquista de Sevilla, autentica joya del poder musulmán, requerirá por vez primera de un ataque marítimo y un auténtico despliegue de medios técnicos y materiales.

Así, se prepara una flota en el Cantábrico que asolará la ciudad a las órdenes del almirante Ramón Bonifaz, evitando además la llegada de auxilio desde el exterior.

Conquistada buena parte del sur peninsular, la preocupación de Fernando III será ahora asegurar el control sobre los territorios conquistados y organizar y estructurar bajo el patrón de asentamiento castellano tanto los recursos como el espacio anexionados. Para lograr cumplimentar este doble objetivo, se dispone a organizar un ataque contra el norte de África y establece un sistema de reparto de las tierras y bienes tomados a los musulmanes entre caballeros y peones cristianos, con el fin de asegurar la subsistencia de los nuevos pobladores mediante los recursos necesarios.

Casado en segundas nupcias con doña Juana, hija del conde de Ponthieu, de sus dos matrimonios nacieron trece hijos. Mandó traducir al castellano el «Liber Iudiciorum», conocido como «Fuero Juzgo», y durante su reinado se erigieron las catedrales de Burgos, en 1221 y Toledo, en 1226. Ya en sus tiempos su mandato fue considerado modélico, pues logró restringir de manera notable el dominio musulmán en la península Ibérica y establecer medidas políticas y económicas que mejoraron las condiciones de vida de sus súbditos. La muerte le sorprendió 30 de mayo de 1252, mientras preparaba una expedición contra el norte de África. Primo de Luis IX de Francia, fue como él considerado un hombre piadoso y de profunda fe católica, por lo que será canonizado en 1671 por el papa Clemente X.